VeintitresPolémicaMadames et monsieurs
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Fontevecchia afirmó que Borges le dijo que no había firmado la carta abierta.03-12-2008 / Respuesta de Veintitrés al ataque de Jorge Fontevecchia.Por Roberto Caballero / director
En su libro De las falacias. Argumentación y comunicación, Cristian Santibáñez Yánez y Roberto Marafioti definen a la falacia como "una apelación a la fuerza para causar la aceptación de una conclusión".
Cuando un individuo es falaz, busca forzar mediante cualquier tipo de argumentos la adhesión a una supuesta verdad concluyente que anula las posibilidades del interlocutor. Al individuo falaz no le importa la verdad: solo le interesa que sea tomado como cierto aquello que dice como verdadero y, en realidad, no lo es.
Para cumplir su propósito, el falaz suele utilizar palabras que, al decir de Miguel Wiñazki y Ricardo Campa, en el libro Periodismo: ficción y realidad, pueden servir "para embaucar, transigir, verificar ( ) articular pensamientos a la vista de una terminal estratégica a la que asignar un sentido y por la que convertir la observación en acción, en toma de posición".
También explican, Wiñazki y Campa, que "la profanación de la realidad se manifiesta en la resistencia para acoger y aplicar las normas constituidas y en la propensión a hacer cada vez más atractiva la transgresión, el viaje a la realidad alternativa, donde la coherencia y la fidelidad no tienen derecho de ciudadanía".
Los periodistas habitualmente reflexionamos poco sobre nuestro oficio. Por eso nos cuesta asimilar el grado de peligrosidad que tienen las palabras cuando son articuladas no para abrirle paso a la verdad, que es lo que corresponde a nuestra profesión por convención social, sino para inducir a una conclusión medianamente verosímil, pero carente de sustento, cuyo objetivo es darle categoría de certeza a algo que puede ser incierto, incorrecto o hasta falso.
El mejor ejemplo de esta transgresión pudo leerse el domingo 30, en la contratapa del periódico Perfil, en un artículo firmado nada menos que por su director, Jorge Fontevecchia.
Bajo el título de "Se viene el apriete otra vez", Fontevecchia intentó involucrar a esta revista en una presunta campaña de desprestigio instigada por el gobierno K. Su acusación, que es grave, pasa a ser más grave todavía cuando, en uno de los párrafos finales, advierte: "Quizá sea injusto y esté uniendo temas con motivaciones aisladas: de ser así, pido anticipadamente disculpas a la revista Veintitrés". Cualquiera que tenga mínimas nociones de retórica o de psicología sabe que quien pide disculpas de antemano es porque asume que está equivocado y su intención solamente es la de
ofender o dañar.
Eso mismo hizo Fontevecchia, quizá como respuesta a la publicación en Veintitrés de dos hechos ciertos y probados que lo tienen como protagonista a él y a la revista Noticias, que también le pertenece. En rigor, Veintitrés hizo pública la Carta Abierta, firmada por más de 100 intelectuales, que rechazó la campaña diseñada desde una fundación de derecha (llamada Atlas, a la que nos referiremos más adelante) y sitios "serviciales" de internet como Seprin y Urgente 24, de la que Noticias se hizo eco dedicándole una tapa cuyo copete decía que artistas populares como Mercedes Sosa, León Gieco y Teresa Parodi, entre otros, se habían dejado sobornar a cambio de dinero para brindarle apoyo al gobierno K.
Lejos de hacerlo recapacitar sobre el error, el repudio masivo del campo cultural -que, conviene aclarar, no fue a la revista Noticias ni a sus periodistas, colegas con los que hemos trabajado y respetamos-, sino a la campaña lanzadas desde usinas que pretenden enlodar trayectorias y fabricar un estado de sospecha moral sobre figuras que gozan del cariño y el respeto popular, Fontevecchia insistió en el error: hizo llamar a los intelectuales y artistas que habían adherido a la carta. Y después de eso, publicó en su artículo del domingo 30, un destacado atribuido a Graciela Borges, adherente al repudio, que decía así: "Yo no firmé la solicitada contra Noticias que salió en la revista Veintitrés".
Según el editor de Perfil, que calificó en su columna a Borges como "Madame Fontevecchia", la actriz lo habría llamado para decirle que ella no había firmado ni había dado autorización para que su nombre figurara en la Carta Abierta. Fontevecchia escribió luego: "Le dije que, al ver su firma, deduje que quizá algún otro firmante tampoco había prestado su nombre".
Como prueban los documentos reproducidos en estas páginas, Fontevecchia dedujo mal: Borges no sólo adhirió a la carta la primera vez, sino que el lunes 1 de diciembre llamó a Veintitrés y habló con Gustavo Cirelli, Secretario de Redacción, para negar que ella hubiera dicho lo que Fontevecchia le atribuía en el diálogo publicado. Confesó ser lectora de Veintitrés, volvió a adherir a la carta ("siempre voy a defender la cultura", dijo) y se despidió con una ironía: "Yo no soy madame de nadie".
Así actúa la buena gente.
La intención de Fontevecchia fue inducir a sus lectores a que leyeran lo siguiente: "Graciela Borges no firmó; por lo tanto, tampoco firmaron los otros". Forzó los hechos para lograr la aceptación de una conclusión que nada tiene que ver con la realidad.
Quedó demostrado que lo primero es falso: Borges firmó. Por lo tanto, Veintitrés publicó algo que era cierto.
Queda expuesta entonces la articulación maliciosa del editor para desacreditar a aquellos que
cumplimos con nuestro deber de informar, haciéndolo con rigor y honestidad periodística.
Pero eso no es todo. También Veintitrés publicó una investigación sobre los promotores de la "caza de brujas" contra los artistas populares. Descubrimos que el blogger José Benegas, que reprodujo en su sitio las facturas con pagos a los músicos por sus labores en ExpoZaragoza, es integrante de una fundación llamada Atlas. Esa institución tenía, además, entre sus colaboradores a Julio Cirino, que fue preso hace un mes acusado de ser el enlace del temible Batallón 601 y la Embajada de los Estados Unidos en los tiempos de la más cruda represión videlista, es decir, está detenido por crímenes de lesa humanidad. Desde esa usina ideológica de vidrioso linaje se desarrollan campañas (algunas de ellas luego recogidas por medios como Perfil) que ponen en duda, entre otras cosas, la honorabilidad de figuras del campo progresista y la credibilidad de revistas como Veintitrés.
En la investigación que esta revista publicó, se decía que Fontevecchia fue honrado por la Fundación Atlas en 2007 con un premio en el rubro periodismo, en diciembre pasado.
Respondió Fontevecchia desde su contratapa: "Aparezco en esta especie de Ku Kux Klan local (al que no conozco y tampoco puedo calificar) por el sólo hecho de que en el año 2007 me otorgaron el premio 'Valiente defensa de la libertad'. Es cierto, pero aclaro que ni fui a recibir el premio".
Los términos poco elegantes de su aclaración le valieron una dura réplica del señor Benegas y de varios de los adherentes a la Fundación Atlas, que no sólo confirmaron que Fontevecchia recibió el premio del que ahora quiere desligarse: también publicaron una foto donde el editor de Perfil aparece con la plaqueta en sus manos.
Como se ve, tampoco en este caso Veintitrés falseó los hechos. No existe una verdad alternativa, esa de la que hablaban Wiñazki y Campa, salvo en la imaginación de aquel que quiere dañar e instalar una conclusión alejada de lo cierto, pero que le es, o le resultaría, conveniente a su propósito difamante.
La palabra patraña viene del latín "pastor". A partir de ella se formó la voz latina "pastoranea": relato que hacen los pastores. Alude a las fábulas que solían contar esos narradores antiguos. Por eso, cuando una historia es falsa, con detalles y episodios irreales o fantásticos, se la califica de "patraña".
Cuando Fontevecchia titula "Se viene el apriete otra vez" e involucra a esta revista y a sus periodistas en una campaña que lo tiene como víctima, monta una patraña. Vincular a Veintitrés con el caso Skanska, siendo una persona informada como él, es todavía una patraña mayor. No merece nuestro colectivo de trabajo un ataque descalificador de esa magnitud. La supuesta conexión o coordinación entre esta redacción y los piquetes de Hugo Moyano es algo que puede existir solamente en la fantasía de un transgresor que no acepta que la realidad tiene un límite: las cosas tienen que suceder, ocurrir realmente, para darlas como noticia. Lo otro es una invención, un armado ficcional, pero no es periodismo.
Sería bueno recordar que hace unos años, Noticias publicó en su tapa la foto de un hombre y lo presentó como si fuera el hijo de Kirchner. La semana posterior, Veintitrés publicó la misma foto y la identidad real de esa persona: era el yerno de Raúl Moneta. Fue un papelón. Nadie está exento del error, pero sí obligado a corregir las conductas que llevan a cometerlo. ¿Qué hubiera sucedido con Times si daba la foto en tapa de un hijo de Obama que no era? ¿Qué haría Newsweek? ¿Y el Washington Post? Hubieran pedido disculpas, seguramemente, porque la credibilidad de un medio está por encima del error circunstancial. Hay un pacto entre el editor y el lector que puede comprender una equivocación humana, no así una falsificación de los hechos, una profanación de la verdad, para sostener lo insostenible. Cuando Noticias confundió a Máximo Kirchner con quien no lo era, salió a justificarse en una supuesta campaña que era, a su vez, parte de un apriete generado desde oscuros sótanos de la Casa Rosada.
La "victimización" como recurso de marketing no es buena consejera periodística: pronto se termina creyendo que lo cierto es lo conveniente, y no la verdad de lo que ocurre. El que termina afectado, siempre, es el lector.
Desde Veintitrés se criticó al Gobierno por la discriminación hacia Perfil con la pauta de la publicidad oficial, también se testimonió el arbitrario despido de Pepe Eliaschev de Radio Nacional y cuando el secretario de Medios denunció penalmente a un editor de Noticias tuvo la solidaridad de quien esto escribe. Como puede apreciarse, tenemos una mirada plural, seria y responsable sobre nuestro oficio.
Cumplimos diez años en el kiosco. Eso es bueno para los lectores, para los periodistas y también para el mercado, del que Perfil forma parte. Y no hay secretos para explicar este éxito: la gente nos cree. Por eso crecimos en venta (están las cifras del IVC, más creíble que el Indek, para corroborarlo) y hoy participamos, incluso, de las campañas publicitarias de las grandes marcas.
Nos hubiera gustado, quizá, que el dueño de Perfil usara su contratapa para felicitarnos por nuestro décimo aniversario. Eso hablaría de una competencia sana, libre de prejuicios y donde el otro es un complemento a la libertad de expresión y no un enemigo a destruir con falacias.
Por último, sería una necedad de nuestra parte aceptar las disculpas anticipadas de Fontevecchia porque precisamente esas disculpas son las que prueban el carácter premeditado de su ominoso ataque.
En derecho penal, eso se llama dolo.
En el periodismo, mentira.
Ambas están contraindicadas para cualquier debate maduro.
Y como se dijo alguna vez desde la contratapa de Perfil: hasta pronto.
Monday, December 08, 2008
Respuesta de Veintitrés al ataque de Jorge Fontevecchia
Nuevo libro del ex ministro de economía menemista y delaruista
Ya entendimos la aparición de Cavallo!! Campaña de prensa para su nuevo libro. Para estas fiestas ya sabe que regalar, sino puede esperar un tiempo y comprarlo mucho más barato, como su anterior libro.
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